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Habían dado vueltas durante más de media hora, y finalmente, cuando Ratko comenzaba a impacientarse, llegaron.

Le quitaron la venda a Ratko. A simple vista podía ver cerca de dos o tres decenas de mercenarios. Eran un grupo numeroso.

Estaba en lo profundo del bosque. Tenían campamentos montados y casas sobre los árboles. Era un lugar precioso realmente, aunque esa no fue la palabra que el ex-capitán pensó; sería extraño decir que la guarida de unos mercenarios es "preciosa". Había pequeños puentes de madera y cuerdas y toda la zona estaba iluminada con antorchas. Resultaba una zona acogedora, por raro que pareciera.

Disfrutaban de una noche de verano ni demasiado calurosa ni demasiado fría.

Subieron un puente hasta una de las casas arbóreas más grandes. En la puerta habían dos guardias, pero les dejaron pasar tras pedir explicaciones a los tres mercenarios que acompañaban al extraño individuo. Antes de que entraran los tres, entró solo uno para hablar con el jefe. Posteriormente le requisaron las armas a Ratko por precaución y las pusieron sobre una mesa.

La habitación era bastante grande, decorada con muebles y unos pocos cuadros. 

El ex-capitán miró al fondo de la misma y observó que había una especie de trono; y...había alguien sentado.

Mercenario: Señor, traemos a alguien que quiere hablar con usted.-dijo uno de los tres mercenarios que acompañaban al ex-soldado.

Ratko observó al hombre que estaba sentado. Era un hombre bastante fuerte aparentemente, corpulento e intimidante, tenía algunas cicatrices en la cara y debía tener cerca de cuarenta años. Por su gusto al escoger los cuadros posiblemente era un hombre culto, aunque su apariencia no le hiciera parecerlo. Su nombre era Mardo, y a veces era apodado "Puños de Hierro".

Mardo: ¿Qué tenemos aquí?-preguntó a Ratko.

Ratko: Buenas tardes, o...noches; no sé, llevo cerca de una hora con los ojos vendados.

Mardo: Me ha dicho uno de mis..."socios", que tienes interés en el negocio,¿eh?-le preguntó.

Ratko: Así es. Creo que es una forma...interesante de ganar dinero. Así que podríamos hacer alguna especie de trato.-dijo tratando de convencer al jefe mercenario.

Mardo: ¿Trato? Jajaja.¿Le habéis oído? ¡Qué gracioso!-estalló a carcajas.-Yo no hago tratos con nadie. Como mucho podrías trabajar para mí si tienes algo que me interese.

Ratko guardó silencio, algo confuso. Pensaba en la forma de convencer a Mardo de que era bueno para el oficio.

Mardo: Dime, muchacho, ¿cuál es tu oficio?

Ratko: Ahora estoy sin trabajo, ya sabes...birra va, birra viene.-se rió.-Pero anteriormente fui soldado.

Mardo se sorprendió. Y dos de los mercenarios que estaban allí le medio abuchearon. Parecía que en general los mercenarios y los soldados no se llevaban bien.

Mardo: ¿Soldado? Mmmm...¿qué te impide seguir tu oficio?-preguntó Mardo, extrañado.

Ratko: Nada en especial, simplemente me harté del trabajo.

Mardo: ¿De verdad pretendes que me crea eso?-le dijo, sin creerle.-¿No serás un infiltrado del ejército, verdad?

Mardo comenzó a desconfiar.

Ratko: No miento. Fui Capitán del ejército de Raizux.-no sonaba convincente, aunque decía la verdad.

Mardo: ¿Capitán? Bajajaja.-se rió, y no fue el único de la habitación en hacerlo.

Ratko mostró una expresión seria, para intentar parecer más creíble. "Puños de Hierro" le miró de reojo.

Mardo: Está bien, capitán Ratko.-dijo poniendo énfasis en las últimas dos palabras.-Muéstrame que estás de nuestra parte y no estás tratando de engañarnos.

Ratko: ¿Cómo? ¿Quieres que te limpie la casa o algo así?-bromeó.

Mardo cogió a uno de sus subordinados, al más joven. Y lo tumbó de un fuerte puñetazo en la cara. Verdaeramente había sido un puñetazo bestial, parecía que habría matado al muchacho, su sobrenombre cobraba ahora sentido: "Puños de Hierro". Levantó al muchacho y lo puso de rodillas.

Ratko se sorprendió por lo visto. No entendía qué pretendía.

Ratko: ¿Pero qué...?-viendo al pobre muchacho sangrando por la cara.

Mardo: Si de verdad quieres ser uno de los nuestros...-le pasa un cuchillo a Ratko.-Mátale.-dijo firme.

Ratko se quedó impresionado.

Ratko: *Pensando* ¿Qué debería hacer...?

El ex-capitán se veía ahora en una situación muy comprometedora, posiblemente a vida o muerte. Creyó que era asesinar él o ser asesinado, pero sabía que no estaba bien matar de esa forma, fría y cruel a un muchacho cuyos crímenes posiblemente no serían más que robar a alguna anciana o vender mercancía ilegal.

Mardo: Vamos, Capitán.-le presionaba el jefe mercenario.

Dejó pasar unos segundos, mientras miraba al suelo, concentrado, y finalmente actuó.

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