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Ratko había recibido un encargo de un campesino mediante una carta. En la carta el remitente comunicaba la necesidad de los servicios del mercenario, concretamente para matar a una bestia marina del Lago de Neptuno que se había comido a parte de su ganado. El campesino alegaba que tras haber acudido al rey a quejarse éste no había hecho nada al respecto, por lo que consideró a Ratko la única solución posible.

Acordó reunirse los dos ya pasado el medio día de dentro de dos días. Así fue.

Ratko estaba en el lugar acordado esperando. Era una llanura, unos dos mil metros cuadrados descubiertos de árboles, y allí se podía ver a lo lejos una casita, suponía que sería la de su cliente.

El mercenario vio a lo lejos un hombre acercándose y lo esperó. 

Llegó el campesino hacia donde estaba el mercenario.

Campesino: ¿Es usted Ratko? Un viejo conocido me recomendó sus servicios.-dijo, inseguro.

Ratko: Así es,¿tú eres...?

Campesino: Mi nombre es Farión.

Ratko no dijo nada.

Farión: ¿Es usted un profesional, me ayudará con mi problema?

Ratko: Mmm sí, ¿de qué clase de engendro estamos hablando? ¿Es un tiburón, un cocodrilo, una marmota gigante?-preguntó interesado.

Farión: Es...es...Es mejor que lo vea.-respondió dubitativo.

Ratko: Está bien. ¿Por qué zona suele estar?

Farión: Creo que por esa zona de allí.-señaló la parte oeste del lago.-Allí encontré pedazos desmembrados de dos de mis cabras, se me escaparon, supongo.

Tras mirar la zona el ex-capitán trazó un plan. Usó a una de las cabras como cebo y se puso a esperar a que la bestia apareciera.

Tras más de media hora, finalmente sucedió algo.

Cerca de la orilla comenzaron a notarse ondas en el agua. Se hacían más y más grandes cada vez. Cuando la bestia se hubo acercado lo bastante a la cabra dejó ver una prominente cresta. Era una bestia escamosa de cerca de diez metros de longitud.

Ratko: Ahí estás, cabroncete. Vaya, eres un Escualo muy feo. Mira que nos has hecho esperar.-se acercó sigilosamente a donde estaba la cabra.

A escasos ocho metros de la cabra vio más de cerca al monstruo marino. Éste, rápidamente y acechando a la cabra de cerca (ésta aún no se había percatado, por desgracia, de la presencia del monstruo), salió del agua y le propinó un mordisco.

Lo que más llamó la atención de Ratko fue que era una especie de pez con patas. También tenía una enorme boca y unos afilados colmillos. En un fugaz acto casi inconsciente, el mercenario lanzó hábilmente un cuchillo que impactó en uno de los ojos amarillos de la bestia. La bestia gritó del dolor y dejó escapar a la mitad de la cabra de sus fauces, desmembrándola.

Farión miraba atónito y a una distancia prudencial lo que sucedía.

Cuando el animal se dio la vuelta dispuesto a marcharse con su presa, el antiguo soldado corrió hacia él, desenfundó una de sus espadas, saltó, y se la clavo en su enorme aleta superior.

La bestia se retorció de dolor y más asustada que furiosa, huyó a gran velocidad de la orilla por el agua, dio, durante medio minuto vueltas en el lago, mientras el mercenario trataba de agarrarse más a la aleta del monstruo y a la vez tratar de enterrar más la espada. 

El ser acuático se sumergió y Ratko, aún enganchado con su espada, también.

Ratko: *Pensando* No tenía intención de mojarme demasiado, serás capullo.

Se sumergió varios metros y Ratko pensó que debía desprenderse ya de la espada y subir a superficie a coger agua, pero se dio cuenta de que si no acababa con el monstruo en ese momento, subiría a la superficie y le atacaría, pues estaría en desventaja. Por eso Ratko sujetó la espada anclada en el cuerpo de la bestia con una sola mano y desenfundó su otra espada. La enterró en el cuello del horrendo ser.  

El Escualo se retorció y, dando un fuerte coletazo al ex-capitán, le tiró de su lomo.

El agua estaba turbia, y por mera casualidad, miró hacia abajo y vio algo brillante. Su padre era orfebre y sabía perfectamente por el brillo de un objeto cuánto podía valer. Aquel brillo era inusual, nunca había visto algo brillar como aquel objeto. Era una llave, resplandeciente, hecha de oro y con rubíes y zafiros incrustados. Nadó rápidamente y entre unas rocas la encontró, casi incrustada, pero no le costó demasiado sacarla. No era consciente del gran misterio que tenía en sus manos en ese momento.

Se quedaba sin oxígeno y rápidamente nadó hasta la superficie. 

Cogió una exagerada bocanada de aire. Le resultó muy agradable volver a respirar, había estado bajo el agua varios minutos y casi se asfixia. 

Miró a su alrededor, sus dos espadas debían estar clavadas todavía en el monstruo, si éste le atacaba se vería en serias complicaciones. Solo con sus cuchillos no sería capaz de hacerle demasiado daño.

Miró también a la orilla y allí vio a Farión, preocupado, mirándole.

Vio que le empezaba a hacer señas, indicándole que mirara hacia detrás de sí mismo. Cuando Ratko se dio la vuelta se sorprendió, el monstruo nadaba rápidamente hacia él, ensangrentado y tuerto, y le daría un mordisco que posiblemente le arrancaría la mitad del cuerpo.

Sacó dos de sus cuchillos, aunque sabía que nada podía hacer.

La bestia, ensanguinada, estaba a tan solo un metro de él cuando de repente se detuvo. Gruñó fuertemente y cerró los ojos. Había muerto. Ratko se sintió afortunado. Sus espadas le habían hecho derramar tanta sangre al extraño ser como para acabar con su vida.

Respiró hondo y arrancó sus espadas del cadáver del Escualo. También cogió el cuchillo que estaba sujeto al viscoso y ya destrozado ojo derecho del pez. Dejó allí el cuerpo sin vida de su víctima y nadó hasta la orilla. Allí le esperaba su cliente, Farión.

Farión: He de admitir que...nunca he visto algo semejante. Era una bestia enorme, desagradable y feroz. Creí que morirías.-dijo impresionado.

Ratko: Soy un hijo de perra con suerte, ¿eh?-sonrió mientras se sentaba.

Farión sacó de un bolsillo una bolsita llena de monedas de oro, no pesaba en demasía, no había muchas monedas.

Farión: Sé que es poco, pero no tengo nada más. Espero que te baste.-dijo humildemente el campesino.

Ratko cogió la bolsa y vio que pesaba poco.

Farión: No te interesará una cabra, ¿no? Podría darte una de mis mejores, una de las buenas, de las más crecidas y que dan buena leche.

Ratko: No, no hace falta. Ya estoy servido.-dijo mientras pensaba en la llave que había econtrado en el fondo de una de las zonas menos profundas del lago.

Farión le dio las gracias y se despidió de él, diciéndole que hablaría de él a sus amigos y familiares y reconocería sus servicios. Le preguntó que por qué no se unía al ejército, pero Ratko se limitó a decirle que no era lo que quería en su vida.

Así, Ratko, encontró posiblemente uno de los objetos más raros y a la vez buscados de toda la tierra. No tenía ni idea de lo importante que podía resultar esa llave.

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