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La invasión llevada a cabo en el Castillo Blanco de Atlantis por parte de un ejército de demonios de Dark Hand son liderados por Melkroth, con el objetivo de liberar a Zekrith, un importante miembro de la organización. Melkroth hace frente ahora al rey de Ázharon, Algriant Lainork, quién protege con todas sus fuerzas la entrada del castillo...

Algriant: ... Detén esto, Melkroth, no puedes derrotarnos. Pronto llegaran todos los refuerzos de la ciudad, no sois suficientes... - Le comenta con seriedad al caudillo. - No podrás llevarte al chico...

Malkroth: Me insultas al creer tales palabras...Mi intención nunca ha sido derrotaros, ghehee... - Sonríe con picardía.

Algriant frunce ligeramente el ceño, extrañado por las palabras del demonio... Pronto algo llama su atención.

Soldado: ¡Mirad! ¡Hay humo saliendo del norte del castillo!

Soldado 2: ¡Parece provenir de las antiguas ruinas!

En ese momento Melkroth muestra una sonrisa satisfactoria. Algriant cae en la cuenta de que la batalla principal en la entrada era una mera distracción para que otro grupo de demonios se infiltrara desde atrás.

Algriant: (Pensando) ¡Maldita sea! - Se lanza raudo en la dirección del humo.

Malkroth: ¡¿A dónde crees que vas?! - Salta hacia el rey con su espada, deteniendo la marcha de este. - ¡Crees que te voy a dejar marchar así como así?!

Algriant: ... ¡Soldado! - Llama a uno de los guardias que luchaba por la zona. - ¡Busca a Farko y dirigíos hacia las ruinas!

Soldado: ¡Sí, señor!

Melkroth: ¡Ya es tarde! - Se lanza contra el soldado, dispuesto a ensartarlo con su gran espada.

Soldado: ¡Maldición! - Exclama dándose cuenta en un instante que no podría evitar el ataque.

Pero en ese momento Algriant llega justo para bloquear con dificultades la espada del enorme demonio, pero esta consigue herirle en un brazo.

Soldado: ¡Señor!

Algriant: ¡No te preocupes, no pares! - Exclama algo dolorido.

El soldado asiente firme, pero algo molesto por dejar en ese estado al rey, pero presto consigue escabullirse entre la batalla y entra raudo al castillo en busca de Farko.

Melkroth: ... No importa, en estos momentos uno de mis aprendices estará ya apunto de llegar a su objetivo. Te has arriesgado para nada, Algriant. - Le dice con seguridad.

Algriant: ... Por salvar una vida, arriesgaré lo que haga falta... - Levanta la mirada con seriedad.

Melkroth: Ese camino... ¡Solo te llevará a la muerte! - Lanza su espada contra el dolorido rey.

Pese a su herida Algriant consigue aguantar la oleada de ataques que le lanza su enemigo. Con cada impacto una onda se energía se levanta, muestra del choque entre dos titanes. Los combatientes de ambos bandos quedan asombrados por la fuerza de sus líderes, los cuales son fuentes de inspiración para luchar con todas sus fuerza.

Melkroth arremete cada vez más contundente y las fuerza del rey de Ázharon van menguando, hasta que por fin consigue asestarle un duro golpe en su flanco más débil, su brazo herido, el cual no logra aguantar el golpe y Algriant es derribado unos metros hacia atrás.

Soldado: ¡Mi señor Algriant! ¡Rápido! ¡Debemos ayudar al...! ¡Aaaggghhh! - Recibe un corte de uno de los demonios voladores.

Algriant: (Pensando) Esto va mal... Si sigo así... - Observa a su alrededor preocupado. - ... No voy atener más opción que hacer usarlo...

Melkroth: ¡Gaaahhhajahjah! ¡No puedes negarlo! ¡Los mortales son presa de los años! ¡Nosotros los demonios somos seres superiores!

Algriant: ... Deja de gritar estupideces... - Dice serio.

Melkroth: ¡Ergh!... - Frunce el ceño con rabia por las palabras del noble hombre. - No estaba en mis planes acabar contigo, pero viendo la situación, tal vez no se me presente otra oportunidad igual... Pronto llegará el segundo grupo y acabaremos rápidamente con tus tropas restantes... Aún si llegan tus refuerzos, será demasiado tarde para ti... - Esboza una fugaz sonrisa.

Alagriant: ... Puede que tengas razón... Pero si voy a caer... - Clava su espada en el suelo y junta sus puños en el pecho.

Malkroth: (Pensando) ¡Esa posición! ¡No será capaz de...!

Algriant: ... ¡Al menos te llevaré conmigo!

De pronto, una gran cantidad de energía comienza a emerger del interior del cuerpo de Algriant y sus ojos comienzan a brillar en un tono dorado rojizo. A su alrededor comienzan a generarse unas fuertes ráfagas que levantan una notable cantidad de polvo.

Melkroth: ¡¡¡Pretende hacer uso de...!!! ¡¡¡La ESENCIA!!!

Algriant: "Que la luz descienda... Y la oscuridad sea purificada..."

Melkroth: ¡¡¡DETENTE!!!

????: ¡Mi señor! ¡La Grieta! - Grita un demonio a lo lejos, acercándose volando hasta Melkroth. - ¡La Grieta Oscura ha sido bloqueada!

Melkorht: ¡¿Qué?! ¡¿Cómo es posible?!

Demonio: ¡Un Elfo, señor! ¡Ha derrumbado las ruinas!

Algriant: Jej, parece que uno de mis mi soldado ha cumplido su misión. - Sonríe complacido. - ¡Se acabó Melkroth!

Melkroth: ¡Erhg! ¡Naerith estaba allí! ¡¿Acaso ha sido derrotada?!

Demonio: ¡Ese maldito elfo derrumbó las ruinas junto con él y a la maestra Naerith!

Tras estas últimas palabras del demonio un fuerte dolor arremete contra Algriant, pues para él el joven elfo era como uno más de su propia familia, más en su interior sabía que no debía sentir lástima por su soldado, pues este había cumplido su misión con honor.

Algriant: (Susurra) ... Tú cumpliste tu misión Nelhir Lerethir, hijo de Pandora... Y en tu honor yo terminaré la mía.

Pronto una cegadora luz emerge como un torrente desde el noble rey. Melkroth queda destellado y todos los demonios de la batalla comenzaron a gemir doloridos por sus ojos. Melkroth se protege con sus enormes alas negras que brotan de su espalada, apaciguando la intensidad de la luz, pero su piel comienza a sentir un fuerte calor. Rápidamente dispone su espada contra el suelo con alguna intención.

El incandescente flujo de luz ilumina gran parte del Castillo Blanco, incluyendo la torre en la que se encontraba el joven demonio cautivo y el grupo del comandante Daroth, quienes no pueden evitar protegerse de la luz con sus manos.

Daroth: (Pensando) Esa luz... Acaso él va a... - Frunce el ceño algo preocupado.

Zekrith: ... Ese poder, no hay duda de que se trata de la Esencia.. - Susurra mientras se cubre los ojos. - (Pensando) Qué demonios estará ocurriendo allí abajo...

Rápidamente el fornido comandante se incorpora de un salto hasta la pequeña rejilla de la sala, consiguiendo vislumbrar la batalla con dificultades. A lo lejos logra distinguir una corpulenta figura...

Daroth: ... No es posible... Ese es... ¡Melkroth!. - Susurra sorprendido y algo aterrado.

El joven demonio se percata de las palabras del veterano gracias a su agudo oído y también queda algo sorprendido...

Zekrith: (Pensando) ¡¿Qué hace el aquí?!... ¡Eso significa que mi hermana...! - Salta rápidamente hasta los barrotes, agarrándolos con fuerza con un gesto algo preocupado, con la mirad apuesta en la rejilla que da hacia la batalla.

Daroth: (Pensando) Maldita sea... esto puede ser un problema... Debo bajar hasta allí, pero no puedo dejarlo sin vigilancia... Claramente él ha venido a por el chico... Tch, qué demonios estás haciendo... Farko.

En la batalla, la luz se vuelve cada vez más intensa. Los demonios comienzan a soltar unos fuertes rugidos de dolor, pues la luz proveniente del noble rey quema sus pieles como si de un fuego se tratara. Melkroth se cubría con dificultades tras sus oscuras alas, pero no podía aguantar por mucho tiempo. Tan pronto como comenzaron a caer los primeros demonios, Algriant no demoró más su ataque...

Algriant: ¡Que la luz ilumine la oscuridad! ¡Que mi alma sea liberada! ¡Sagrada sea la Esencia! ¡Camino de la Luz!... ¡¡¡JUSTICIA DE LOS SOLES!!!

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